martes, 23 de diciembre de 2014

DÍA 12 — JUEVES 11 DE JULIO DE 2013. SHANGHAI (上海)

Un día más salió el sol y seguía ardiendo. La ola de calor seguía asando a la población china y a nosotros, que poco a poco veíamos como los días de viaje se iban acabando y cada vez estaba más cerca la vuelta a casa.

Nuestro plan para la mañana era ir de visita al casco antiguo o también conocido por los lugareños como 南市. Es una de las pocas zonas de Shanghai que todavía conserva algo de su arquitectura antigua y aún refleja el trazado de las murallas del siglo XVI, erigidas para defenderse de los piratas japoneses.

Nos quedaba cerca del hotel, a una sola parada de metro, así que pensamos en caminar en vez de tomar el metro. El calor no nos lo puso fácil, pero bueno, caminando lentamente resguardándonos por la sombra de los balcones y los toldos de los establecimientos, fuimos avanzando.

Cada uno se protege como puede...

 La desesperación por el calor nos llevó a entrar en una farmacia. Entramos por dos motivos: el primero, y más obvio, porque tenían aire acondicionado y estaba a medio camino de nuestro destino y nos serviría para enfriarnos un poquito; y el segundo, porque mi madre me había comentado varias veces durante el viaje que no había visto ninguna en China y no entendía el porqué. Así que matamos dos pájaros de un tiro, si me permitís la expresión.

Finalmente llegamos, aunque algo sudados, a los Jardines (豫园) y al Bazar de Yuyuan (豫园商城). La historia del recinto viene de la familia Pan, unos ricos funcionarios de la dinastía Ming, que crearon estos jardines cuyo trazado duró 18 años (1559-1577). En 1842, durante la Guerra del Opio, fueron bombardeados y, una vez restaurados, son un valioso ejemplo de la jardinería Ming.


No teníamos tampoco ningún objetivo fijo, simplemente nos fuimos adentrando por las calles, nos metíamos en algunas tiendas con aire acondicionado para refrescarnos de vez en cuando y contemplamos los restaurantes, las paraditas con comida, las casas de té, las tiendas y el bullicio de gente de arriba para abajo.



Debo confesar que me sorprendió para bien. Rompe con todo lo que habíamos visto de Shanghai, y aunque tampoco destaca sobre otros complejos tradicionales que ya habíamos visto, tenía su encanto.



Pagamos la entrada (30 yuanes, 15 con descuento de estudiante) y nos adentramos en los jardines. Estuvimos dudando de si entrar o no, pero valió la pena y fue curioso dejarse perder por los edificios, las pasarelas construidas encima del río y entrar en algunas tiendas donde vendían objetos de mucho valor. En una de esas tiendas, una vendedora, al comentarle que éramos españoles, me dijo que en español sabía decir: “amigo”, “amiga”, “vendo”, “compra” y “más barato”. A eso se le llama aprender un idioma pragmáticamente y lo demás son tonterías.

Una de las salas dentro de los jardines

Salimos, dimos otra vuelta al recinto y decidimos volver hacia el hotel, esta vez con el metro, porque no podíamos soportar tener que volver a pie con la que estaba cayendo.

Decidimos entrar a comer en otro restaurante que había al lado del hotel. Cuando llegamos a la calle del hotel, un chino que había en una tienda empezó, literalmente, a perseguirnos por toda la calle al grito de “HELLO? HELLO?”. Intenté ignorarle hasta que ya no pude más, me giré y le grité, 别打扰 (bie da rao), que significa, “no nos molestes”. Y el chino no se le ocurre nada más que contestarme. “Ha, ha, ha, qué bien que hablas chino, ¿quieres una camiseta?” Me di la vuelta y allí se quedó riéndose el muy zopenco.

Entramos en el restaurante, muy bien decorado por cierto, pedimos varios platos y un bol de arroz para cada uno. Comimos bastante bien la verdad, y no nos salió muy caro. Tras comer, de vuelta al hotel a descansar un poco y a esperar a que cayera un poco la tarde.



Un par de horas más tarde nos volvimos a poner en marcha. Nuestra siguiente parada era ir al distrito financiero de Pudong. Para ello teníamos que tomar el metro. De camino a la parada vivimos uno de los momentos más impactantes que sí conseguimos grabar en vídeo, que aquí os dejo. Una auténtica marabunta de motos a la espera de que el semáforo se ponga en verde. ¡Disfrutad!

video


La verdad es que el sol ya daba más tregua a esa hora y cuando llegamos a los pies de la Torre de la Perla Oriental ya se podía pasear sin necesidad de morirte de calor.

Decidimos ir a echar un vistazo a la zona. Por lo visto se podía subir para contemplar las vistas en otros edificios, pero no tenían las mismas vistas que La Perla, además que el precio era más o menos parecido, pero fue interesante echar un vistazo de cerca de los otros edificios. Constantemente veíamos pasar coches de lujo, hombres y mujeres bien trajeados y en el ambiente se respiraba dinero y negocios.

Pudong. A este edificio lo rebautizamos como "El Abridor"

 Después de dar una buena vuelta, llegamos a las taquillas para subir a ver las vistas de la Torre de la Perla Oriental. Había diferentes precios según a qué piso y a qué altura querías subir. Ninguna tenía descuento para estudiantes. Las tarifas eran las siguientes: la entrada C (120 yuanes), la entrada B (160 yuanes) y la A (220 yuanes). Nosotros compramos la C, porque con la B y la A, podías subir un poco más, pero las vistas iban a ser impresionantes desde donde las íbamos a ver nosotros, así que pensamos que era pagar más porque sí.

La Torre de la Perla Oriental (东方明珠电视塔) se inauguró en 1995. Tiene una altura de 468 metros y es uno de los edificios más altos de Asia y la cuarta torre de televisión más alta del mundo por detrás de las torres de Toronto, Moscú y Tokio. Su diseño está formado por cinco esferas o “perlas” a diferentes alturas. La mayor de ellas tiene un diámetro de 50 metros y la que está situada un poco más arriba tiene un diámetro de 45 metros. Ambas están unidas por tres columnas de 9 metros de diámetro cada una y las dos esferas están apoyadas mediante vigas de hormigón a las restantes.

La Torre tiene tres niveles con miradores. El mirador más alto está situado a 350 metros y recibe el nombre de “Módulo Espacial”. Existe otro mirador a 263 (que es el que visitamos nosotros) y el último, conocido como “Ciudad del Espacio, está a 90 metros. La Torre también cuenta con un restaurante giratorio de 267 metros.

Entrada a la Torre de la Perla Oriental

 Visto desde abajo, parece un cohete a punto de despegar. Eso sí, impresiona una barbaridad cuando estás abajo e intentas plasmarlo en fotografía. Entramos en el recinto y tuvimos que hacer cola. Por lo visto había que subirse en un ascensor y unas azafatas se encargaban de que no se congregara mucha gente para evitar colapsos y agobios. Alrededor del recinto había fotos enmarcadas con todo tipo de personalidades y dirigentes, entre los que se encontraba el Rey Juan Carlos y la Reina Sofía.

Tras pasar por la cola, nos montamos en un ascensor y subimos nada más ni nada menos que 259 pisos en un santiamén. Y lo mejor es que llegamos en el momento perfecto porque ya caía la noche y pudimos ver ante nuestros ojos todo el Bun, la ciudad de Shanghai y por supuesto el resto de edificios de Pudong iluminados. Podíamos caminar alrededor del recinto y contemplar todo lo que teníamos ante nuestros ojos. ¡Fue una maravilla!

Pudong desde el mirador de La Perla

 Algo que también me llamó mucho la atención es que en los cristales había pequeñas flechas que indicaban a cuánta distancia estaban algunas ciudades de China y de todo el mundo. Me hizo especial ilusión encontrarme la de Tianjin.

El Bund y Shanghai desde La Perla

Pero las vistas no terminaban ahí, porque más tarde, bajamos un nivel donde el suelo era de cristal y podías ver el suelo a tus pies. Daba vértigo, pero fue espectacular. La entrada para subir a La Perla no sale barata, pero vale la pena pagarla porque yo me quedé sin palabras. Fue en ese momento cuando yo me enamoré de Shanghai. ¡Ya lo he dicho!



Cuando volvimos a descender con el ascensor, concluimos la visita con el museo de la historia de Shanghai, que está en la planta baja. Era muy pintoresco, porque había escenarios y figuras que representaban las distintas etapas que ponían en contexto la evolución y el cambio que ha experimentado Shanghai durante siglos.

Salimos de allí todavía vibrando y con la adrenalina a borbotones por las venas. Tomamos el metro y esa noche decidimos cenar algo más “europeo”, así que fuimos para 南京路 (Nan Jing Lu) y entrar a cenar en el Pizza Hut. Lo que más me llama la atención de el Pizza Hut en China (había ido ya un par de veces en Tianjin) es que es un restaurante en condiciones, donde la gente va a tener una cena decente y donde los camareros van bien vestidos y te acompañan hasta las mesas y todo.

Tras comer unas pizzas y unas ensaladas y pagar la cuenta. Dimos un pequeño paseo por南京路, bajo los neones de las tiendas que ya cerraban. Casi sin darnos cuenta, estábamos de vuelta en el hotel. Esa noche tocaba descansar porque al día siguiente nos tocaba levantarnos un poco más pronto porque íbamos a hacer una visita a una ciudad cerca y una de las ciudades de las que más había oído hablar y de las que más había leído: Suzhou (苏州). Ese iba a ser nuestro siguiente destino.




¿Te has perdido algún día de nuestro viaje? Aquí te dejo los enlaces...


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